Carlos Gallo trabajaba como cobrador de una empresa de electrodomésticos, tenía 42 años de edad y la noche del jueves le trabajaba en la zona de Nuevo París. Se encontraba frente a la casa de un cliente, en las inmediaciones de las calle Yugoslavia , y estaba subiendo a su vehículo cuando retumbaron varios disparos.

Uno de esos disparos impactó en su cabeza. "Me dieron", dijo Gallo, y se desplomó sobre un muro. Su cuerpo quedó tendido en la calle.

Cuando llegaron las asistencias ya era tarde. La emergencia médica certificó su fallecimiento.

En el lugar estaba el vehículo del trabajador, un Mercedes Benz que en su interior tenía la suma de 20.000 pesos, 1.500 dólares, y varios televisores led.

A unos 100 metros del lugar donde murió Gallo, poco antes, se había perpetrado un robo a un almacén. Tres delincuentes armados ingresaron al comercio y se llevaron dinero y cigarros.

En el momento en que los delincuentes huían, el hijo de la dueña del local salió tras los asaltantes con un arma y efectuó disparos.

Los delincuentes respondieron al fuego y se desató un tiroteo. Si bien todavía no se conoce el resultado de las pericias encargadas por la Fiscalía, la Policía cree que el cobrador quedó en medio del tiroteo.

Cuando la Policía iba al lugar a responder el aviso por la rapiña, fue alertada por la presencia de la persona herida.

El hijo de la propietaria del comercio se entregó de inmediato a la Policía y presentó el arma utilizada en ocasión enfrentamiento con los asaltantes.

Al tratarse de un homicidio, el asunto pasó a la órbita especializada, a cargo del fiscal Juan Gómez.

"Se cree que los disparos pudieron ser hechos por el hijo de la comerciante rapiñada debido al ángulo del disparo. Por desgracia esa bala perdida impactó contra una persona que no tenía nada que ver. Estoy esperando la confirmación de la pericia balística para adoptar el lunes alguna medida", dijo Gómez.

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