Y después de 22 años, el cuento se acabó.

Andrés Iniesta Luján llegó al vivero del FC Barcelona con 12 años, después de deslumbrar a todos los cazatalentos en un torneo de niños en España.

Jugaba para el Albacete, equipo de una pequeña localidad del sureste español sin gran tradición.

Inmediatamente fue reclamado por todos los grandes y fue el equipo catalán el que logró convencerlo.

A partir de ahí una mejora constante y unos inicios duros, hasta que realmente explotó bajo la batuta del técnico Pep Guardiola, que le dió la manija junto a Busquets y Xavi para llevar la sala de máquinas de un equipo de ensueño liderado por Messi.

Y luego su selección, con la que ganó 2 Eurocopas y el mundial, que ganó España con un gol suyo en el alargue.

Éste domingo el Nou Camp se llenó sólo para despedirlo.

Con el torneo liguero ganado, el público acudió en masa al estadio sólo para aclamar y agradecer toda la gloria que les dió el pequeño jugador.

Y mas allá de colores, a todo amante del fútbol le invadió la nostalgia al pensar en no volver en el pasto la magia que habitualmente desplegaba Andrés.

Parece que ahora el destino será Japón para jugar un año allí como experiencia, y, a largo plazo descansar en su pueblo, Fuentealbilla, y disfrutar de la bodega de vinos que creó pocos años atrás.

Se fué un grande: Andrés Iniesta.

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