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Por Stefano Casini

Italia, como todos los países del mundo (excepto China) sufrió profundamente la crisis económica. Pasó, en 50 años, de ser un país basado en la agricultura a ser una gran potencia mundial. Hoy es, después de Alemania, el segundo mayor país manufacturero de Europa y la séptima potencia industrial del planeta. A pesar de estos enormes resultados, muchos analistas económicos, tienen la idea que el modelo de especialización italiano está equivocado, en razón de la falta de grandes producciones de comodities o tradicionales que pueden exponer el país frente a la gran producción de los países emergentes que deben, justamente su emergencia, a la gran producción de productos básicos. En realidad la actual especialización productiva italiana es extremadamente diversificada y la pandemia provocó una extraordinaria aceleración de la economia global, a pesar de los exiguos resultados, con nuevos proteccionismos, los efectos del teletrabajo y más.

Frente a estos efectos, de todas maneras, 73.000 empresas italianas cerraron hasta diciembre 2020 y 17 mil no volverán a abrir. Entre junio y octubre, además todas las empresas tuvieron una reducción de facturación. El informe sobre el estado de facturación empresarial frente al Covid es un boletín de guerra muy pesado. Según un informe público, luego de entrevistar un millón de empresas, en el período julio-octubre cerraron 73 mil y 17 mil no podrán reabrir. El informe muestra que el 68,9% de las empresas sigue en actividad a pesar de la emergencia sanitaria Covid, el 23,9% está parcialmente abierto y prevé su actividad en condiciones limitadas por espacios, horarios y acceso de clientes. El 7,2% está cerrado. De hecho, cerca de 73 mil empresas, que representan el 4% del empleo, declararon estar cerradas a diciembre 2020. De estas se pronosticó que, cerca de 55.000 podrían reabrir (de hecho algunas miles lo han hecho en 2021, pero, por razones financieras, falta de recursos estatales adecuados y desplome de facturación, 17.000 no volverán a abrir más, hecho que preocupa mucho Confindustria y obviamente el gobierno y el mundo político. La reducción de la facturación. Entre junio y octubre, más de dos tercios de las empresas italianas (68,4% del total) experimentaron reducciones en la facturación en comparación con el mismo período de 2019.El 32,4% (con el 21,1% de los empleados) informó de riesgos operativos y sostenibilidad de su negocio y el 37,5% % solicitó apoyo público para liquidez y crédito, obteniéndolo en el 80% de los casos. Para las empresas que reportaron una caída en la recaudación, el 45,6% tuvo reducciones entre el 10% y el 50%, el 13,6% sobre el 50% y el 9,2% menos del 10%. En pocas palabras, una catástrofe. Las ventas bajan, pero la intensidad se reduce.

En comparación con el período de dos meses marzo-abril de 2020, "se confirma una alta incidencia de empresas con el valor de las ventas en declive (fueron del 70%), pero la intensidad se reduce: el 41,4% de las empresas había reportado de hecho una reducción de facturación superior al 50% respecto a los mismos meses de 2019, 27,1% entre 10 y 50% y 3% menos del 10 por ciento. Sin embargo, las cifras no tienen en cuenta los meses de noviembre y diciembre, meses en los que se registraron cierres de actividades comerciales y de restauración en algunas zonas y restricciones de tiempo en otras. La incidencia de casos de no realización de facturación disminuyó (1,9% frente al 14,6% en marzo-abril) mientras que la participación de empresas con valores de facturación estables aumentó (19,9% frente al 8,9% marzo-abril) o aumentó (9,8% frente al 5%). En particular, el 3,8% declara un incremento de menos del 10% y un 6% por encima.

Los sectores 

A nivel sectorial, el informe Istat indica que las constructoras se recuperan de los resultados negativos de marzo-abril, con un 26,8% declarando una facturación estable y un 11,5% en crecimiento, frente al 8, 3% y 6,1% en marzo-abril. La metalurgia tiene una participación relativamente alta de empresas con una caída en la facturación, mientras que en las industrias farmacéuticas la incidencia de dinámicas positivas, aunque sustancial (22% de los casos), es menor que la de marzo-abril, siempre refiriéndose al año pasado (28%).

La proporción de operadores que informan una pérdida en la facturación de entre el 10 y el 50% es superior a la media general (45,6%) en el sector alimentario (50,8%) y en el sector de bienes de inversión (49,2%). El comercio, en particular el comercio minorista, tiene resultados en línea con los agregados a pesar de las limitaciones administrativas: el 42,3% registra una caída del 10-50%, el 10,6% de más del 50% y el 11,2% menos del 10%.

SECTOR TURISTICO

Siendo Italia uno de los países de punta en el turismo, ya que, a nivel mundial, en 2020 se registró una pérdida de 1.300.000 de puestos de trabajo, la tendencia en el sector de la hostelería fue altamente negativa. Los servicios de hostelería se vieron altamente afectados: el 43,5% de las empresas declaran no haber facturado nada o un descenso de más del 50%, el 43% un descenso del 10-50%.

El sector restaurantes registra una prevalencia de descensos, aunque con menor intensidad que el sector de la hostelería: el 26,7% no registra facturación o sufre reducciones superiores al 50%, 56,3% entre el 10-50 por ciento. Finalmente, los servicios personales, empresariales o profesionales se confirman como los sectores más afectados, no beneficiándose, salvo en forma limitada, de la mejora global reciente.

En estas últimas semanas, con la variante Delta, Italia, que había llegado practicamente a un verde-amarillo, volvió a registrar casos, pasando de menos de 500 por día a más de 5000 por día, superando esta semana los 6000 casos diarios. ¿Otra alerta? ¿otro marcha atrás? El pueblo italiano, como todos los pueblos del mundo, está cansado. Muchos endosan esta nueva ola a los partidos de futbol con público y las playas llenas. Lo cierto que la preocupación vuelve a aumentar.

 

STEFANO CASINI