Por Stefano  Casini

Estadios vacíos, hoteles y restaurantes sin turistas extranjeros y negocios con pocos clientes.

Cuando estuve, por primera vez en Japón, en julio de 2019, todo pintaba como para que el país asiático, que había luchado mucho para obtener la sede de las Olimpiadas 2020, pudiera solucionar parte de su economía que, a pesar de siempre estar entre las primeras del mundo, en los últimos años, estaba estancada.

La decepción de quienes habían hecho grandes inversiones a la espera de un boom comercial provocado por los Juegos Olímpicos, sea un restaurante o una nueva fábrica de ropa, ha sido tremenda. Cuando, en 2020, por la explosión del Covid19 se tuvieron que posponer por un año los juegos, comenzaron las pérdidas multimillonarias y hoy, en ciudades vacías, sin público y en una ciudad de emergencia sanitaria, Japón sufre consecuencias desastrosas

A pesar de las continuas protestas del pueblo japonés contra la celebración de los Juegos por la pandemia (más de  dos tercios de la población se oponen a ellos por temor a que se conviertan en un evento "superpropagador" de la pandemia), las competiciones siguen adelante y no sin polémica. Uno de los grandes auspiciantes de las Olimpiadas como Toyota, anunció que no utilizará avisos comerciales conectados con los Juegos por la preocupación que existe en el país en relación con la pandemia. Algunos grandes empresarios japoneses como Takeshi Niinami, CEO de Suntory, declaró que los Juegos están perdiendo valor comercial y que su empresa decidió no ser parte de los patrocinadores por considerarlos "demasiado caros".

Luego de la catástrofe Covid19 muchos  expertos del mundo financiero como Takahide Kiuchi, economista del Instituto de Investigación Nomura, advirtieron que "gran parte del beneficio económico esperado de los Juegos de Tokio desapareció en marzo, cuando se decidió prohibir a los espectadores extranjeros viajar a Japón".

Por otra parte, Suehiro Toru, del Banco de Inversión Daiwa Securities dijo directamente: "Hubiera sido mejor no tenerlos".

La perspectiva comercial es sombría, aunque no solo por los estragos que ha causado la pandemia. Directamente es y probablemente siempre será, directamente un "mal negocio". Hace años que economistas de todo el planeta publicaron investigaciones para demostrar que los Olímpicos son un "mal negocio" para la ciudad -y el país- que los alberga.

El mayor argumento es que, en lugar de consumo, turismo y prestigio, el evento deja una millonaria deuda y obras de infraestructura que terminan convertidas en "elefantes blancos" completamente inútiles. Según Robert Baade, Profesor de Economia de la Universidad de Lake Forest y ex Presidente de la Asociación Internacional de Economistas del Deporte sostuvo que "Las pérdidas serán enormes" Casi imposible ponerle números a la verdadera magnitud de las pérdidas económicas, porque los cálculos operan sobre la base de valores estimados en relación a lo que habrían sido las ganancias por el evento en circunstancias "normales", Forest sostiene que las pérdidas pueden ser de unos 15.000 millones de dólares. Lo que es seguro que se evaporaron cerca de 1000 millones por la falta de venta de entradas. Peor cuando hay que estimar cuánto ha perdido Japón en el sector turístico y todos los negocios vinculados, además de otros sectores que confiaban en un renacer económico gracias a los Juegos. Para el gobierno el evento se convirtió en un desafío enorme, que, cuando ganó la candidatura esperaba que le sirviera para demostrar haber superado definitivamente la triple crisis de 2011 y su vuelta a la primera línea mundial, con un ojo puesto en Pekín, que acogerá los siguientes juegos, los de invierno en 2022.  Se ha querido tratar de calmar las aguas, mientras que el primer ministro Yoshihide Suga dijo "estoy seguro que las medidas para mantener al público alejado del evento evitarán una escalada de la pandemia y que el país aún se beneficiará de una enorme audiencia televisiva mundial. Decidí que los Juegos Olímpicos pueden seguir adelante sin comprometer la seguridad del pueblo japonés", dijo Suga en una entrevista. "Lo más simple y lo más fácil es detenerlos", pero el trabajo del gobierno es abordar los desafíos". Suga está muy incómodo, considerando que su nivel de aprobación bajó mucho y tendrá elecciones a fin de año. Por otro lado, la apuesta por convertirse en país sede del evento la hizo, hace casi 10 años, su predecesor y aliado Shinzo Abe y Suga heredó este enorme desafío. Ahora el peor de los problemas es que, que cada vez hay menos interés de los gobiernos para proponerse como sede de las Olimpiadas, porque se han puesto en duda los beneficios que genera. Los únicos interesados en responder al último llamado para organizar los Juegos posteriores a Tokio fueron Pekín y Almaty (Kazajastán). La apuesta la ganó China. Los verdaderos costos:  Como ocurre siempre en cualquier evento o proyecto, los Juegos Olímpicos no son una excepción. En 2013, el costo del evento fue calculado oficialmente en US$7.300 millones. A fines de 2019 subió a US$12.600 millones y más tarde a US$15.400 millones. Al final, la Junta Nacional de Auditoría de Japón, informó que el costo final se acerca a los 22.000 millones de dólares, mientras que, según investigaciones de medios locales, el costo alcanzaría los 28.000 millones!!!! Las firmas patrocinadoras japonesas que aportaron unos US$3.300 millones están preocupadas por la manera en que ha evolucionado esta saga. Las pérdidas, según algunos expertos, podrían aumentar si finalmente los Juegos terminan siendo un evento super propagador  que algunos temen. "Eso sería un desastre que se sumaría a las pérdidas actuales", apunta Baade. "Crucemos los dedos para que eso no ocurra". Andrew Zimbalist, quien publicó tres libros sobre la economía de los Juegos Olímpicos, criticó los beneficios que deja el evento en las ciudades que lo albergan. Y en el caso de Tokio, sostiene que el gobierno gastó unos US$35.000 millones, la cifra más alta que se ha puesto sobre la mesa para la realización de Juegos Olímpicos en la historia.

STEFANO CASINI