Depositphotos

por Esteban Valenti

Doscientos treinta y dos años después de que la Revolución Francesa diera los primeros pasos para suprimir la monarquía y comenzar el proceso que culminó en la república, con el antecedente de que en los EE.UU. ya se habían sentado las bases del mayor cambio de la historia y la construcción de esa nueva forma de organización política en la actualidad sigue su rumbo y su debate.

En Uruguay desde el nacimientomismo de nuestro país con el ideario artiguista, el más avanzado sin duda de todo el proceso independentista, las bases eran profundamente fundadas en un sentido democrático y republicano. Conceptos que van de la mano. Las citas son interminables y por todos conocidas.

Hubo en nuestra historia también líderes que en su momento quisieron que fuéramos parte de una monarquía, pero abrumadoramente fuimos republicanos, con todos los matices y contradicciones que este concepto incorpora.

La base de la república está en esas tres palabras que la Revolución Francesa incorporaron a nuestra civilización: Libertad, Igualdad y Fraternidad. Expresan la profundidad máxima de la rebelión contra las monarquías y los regímenes totalitarios y opresores que se sucedieron en la historia e incluso la negación de alguno de sus conceptos fueron la base de la caída de otra gran revolución, la Rusa, que naufragó en sus propias negaciones y contradicciones.

No son conceptos que se pueden desmembrar a gusto y gana o cubrir solamente con la formalidad de la forma de las elecciones y el funcionamiento de los tres poderes. Están en la base filosófica y humanista de la república.

La divisa de Libertad, Igualdad y Fraternidad sefue imponiendo poco a poco, pero recién en 1793 pasó a ser parte de los documentos oficiales, por su parte la Comuna de París en 1871 dio otro paso y emitió una orden  a los parisinos para que pintaran en las fachadas de sus casas la frase «La República una e indivisible - Libertad, Igualdad, Fraternidad o la Muerte»

La bandera tricolor y el lema de la revolución fue durante muchos años el emblema de todos los movimientos populares, revolucionarios y obreros del mundo occidental. También es bueno recordar que fue prohibido durante el Segundo Imperio (1852-1870) y recién la Tercera República Francesa (1870 - 1940 caída por la invasión nazi) lo rehabilitó. El gobierno traidor y entreguista de Vichy lo sustituyó por la frase «Trabajo, Familia, Patria"

Hoy en el Uruguay actual es un tema central - o debería serlo - del debate y de la lucha política nacional. 17 meses de gobierno multicolor ya han colocado las bases de la necesidad imperiosa de esta confrontación ideológica y política.

El liderazgo indiscutible del herrerismo sobre el conjunto de partidos que integran la coalición de gobierno, tanto en el discurso, en la construcción machacona de un relato propio como sus políticas en todos los terrenos, muestran que están en discusión las bases de la república.

Se han aferrado a un solo concepto "libertad" en SU visión, que es parcial y con un claro sentido social. Libertad para que cada sector social tenga la más plena capacidad de desarrollar sus capacidades y se apropie de su porción de riqueza y de posibilidades. Y todos sabemos que no es lo mismo ser parte del 10% superior de la pirámide social, que del 50% de abajo, mucho menos de los más pobres y desamparados.

¿Quién paga ya hoy los costos del desastre de la pandemia desde el punto de vista social? El aumento de la desocupación formal, del aumento del número de pobres, las ollas populares en todo el país,  la capacidad adquisitiva de los que ganan ingresos fijos (trabajadores y jubilados) y de los micro y pequeños y hasta medianos empresarios urbanos y rurales, son tendencia ya consolidadas y son el resultados de políticas concretas y firmes y no solo de la pandemia.

¿Quién paga la lentitud de la reconstrucción económica y de la recuperación del crecimiento económico? Lo que es claro es que no son por cierto los sectores poderosos. No hay - más que en un discurso machacón pero bastante hueco de realidad - y de una Rendición de Cuentas muy clara en este sentido, políticas de reactivación incluso comparables con muchos otros países occidentales y cristianos. Estamos muy por debajo de la media.

La "libertad responsable" supuestamente el sumun del concepto, primero no existió, porque en  muchos rubros se aplicaron restricciones y limitaciones importantes y segundo tuvo su alto costo que en su oportunidad y habrá que analizar en su momento, para construir la historia de esta tragedia llamada pandemia, pero para aprender, porque nadie garantiza que no habrá otras amenazas a salud global o nacional y al equilibrio de la naturaleza. Siempre, absolutamente siempre, la libertad de los ciudadanos, si no es igualitaria puede ser una de las más graves formas de desigualdad y de injusticia.

Por ello, el supuesto liberalismo, si no está directamente asociado al concepto de justicia, no es libre, es parcial y ahonda las diferencias y desigualdades. Ese ha sido siempre el mayor desafío de las repúblicas, alcanzar niveles del goce pleno de la libertad, incluso de la libertad de la necesidad. Lejos está nuestra Nación de ese objetivo, y tampoco lo alcanzó en los 15 años de gobiernos del FA, pero la diferencia es que ahora vamos en la dirección contraria, retrocedemos.

Hay cada vez menos justicia. El gobierno se ha barricado detrás del covid 19 y de la herencia maldita para justificar  con un torrente interminable de discursos, palabras, declaraciones pero, los hechos son tenaces. La distancia entre los que acumulan las mayores riquezas y el otro extremo de la población ha crecido notoriamente, no solo se perdieron puestos de trabajo, sino también miles y miles de emprendimientos, es decir que por diversas vías, salarios y empresas se ha reducido la clase media y no hay señales de una inversión de la dirección del viento. Los altos precios de las materias primas, con lo que estos mismos gobernantes actuales explicaron todo el crecimiento económico de los gobiernos del FA, ni tienen el mínimo impacto en la mayoría de la población actual, al contrario.

Estamos siendo notoriamente un país más injusto y eso no se resuelve con encuestas de apoyo a la gestión de gobierno. Si la gente se conforma con retroceder, es por tres motivos, porque el impacto de la pandemia es muy fuerte, porque el relato-bombardeo publicitario del gobierno es muy bueno y el de la oposición muy malo. Naturalmente no se trata solo de comunicación, sino de estrategias políticas en su conjunto.

Por lo tanto la JUSTICIA no figura en las prioridades de las fuerzas dominantes en la coalición de gobierno y el batllismo que podría equilibrar va lenta pero inexorablemente hacia su desaparición. La única prioridad del partido Colorado es ser el abrojo del gobierno y enfrentarse al Frente Amplio, aunque le cueste la vida.

Ni que hablar que la FRATERNIDAD, que no es simplemente una definición inmaterial y ligera, sino una clave del sentido más profundo de la república, es decir una definición de uno de los más difíciles y profundos objetivos de construir una convivencia de respeto, de relación entre pares y de fraternidad, no existe en absoluto.

En un país con la libertad segmentada por lo que cada uno tiene, sin justicia o con cada día menor justicia en el acceso a las oportunidades, la fraternidad se la llevó el viento.

Tomemos un caso. Hace 17 meses que la educación está sometida a la terrible presión de la pandemia, que sin duda ha profundizado las diferencias de posibilidades entre los sectores sociales, solo se habla y se habla y se habla, de cuando comienzan y en qué condiciones las clases, pero ¿Qué otra cosa se ha hecho? ¿Cuántas escuelas o liceos o locales educativos de la enseñanza pública se han construido en estos 17 meses? Nada de nada. Las promesas de campaña, expulsado su promotor, Ernesto Talvi, quedaron en el olvido.

Este gobierno quisiera incorporar otro concepto a la famosa tríada histórica: Transparencia. Pues en el tema de la escandalosa suba de los combustibles y de la mayor entrega de la soberanía de nuestra historia: 60 años del puerto de Montevideo, lo que no hay es ni una pizca de transparencia. Todo es opaco.

Con gran transparencia, el ex presidente Luis Alberto Lacalle Herrera, actual presidente del herrerismo, declaró que "La agenda que fijó el gobierno del 90-95 es la agenda que tiene el país". Por si alguien no se había percatado.

Las fuerzas progresistas, más allá de los propios partidos políticos, los defensores y luchadores por los valores republicanos deberíamos asumir con mucha fuerza la batalla política e ideológica por el republicanismo, en Uruguay es promover la acumulación positiva y la democracia en sus valores integrales, no es una batalla por episodios aislados, es una lucha integral por el concepto y las bases de la república.