Vladimir Putin e Xi Jinping (Depositphotos)

POR STEFANO CASINI

En las últimas semanas pasaron muchas cosas que, quizás, pasaron desapercibidas para un país como Uruguay, que se encuentra muy lejos en kilómetros y, sobre todo, en poder! Por un lado, es de última hora que Europa le da la bienvenida a Ucrania y Moldavia en la UE. También es reciente la postura de Xi Jinping que podría haber encontrado un aliado ….o quizás un súbdito, para conquistar el planeta Tierra. Es cierto que el chino no es un pueblo demasiado bélico, se dedicó a crecer, a darle más comida a su población, a aumentar en un millón por año los millonarios en dólares de su territorio. Pero también es cierto que las sanciones económicas lanzadas por Occidente en contra de Rusia equivalen a “militarizar la economía global”, además de ser un boomerang que se vuelve contra quienes las aplican. Los medios chinos relanzaron la idea de un orden monetario mundial “liberado del dólar”, a través de sistemas de pago alternativos al Swift, con sede en Bélgica pero que, en efecto,  está controlado por Estados Unidos. Xi Jinping dijo esto en una cumbre económica de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). 

Los Brics son un club de potencias a las que les gusta llamarse emergentes, a pesar que de emergentes tienen poco, menos China que ya superó el PBI de USA, transformándose en la mayor potencia mundial. 

Paralelamente al foro económico BRICS, se celebró en Addis Abeba otra conferencia auspiciada por China sobre la paz en el Cuerno de África, donde el poderosísimo líder chino lanzó su propio plan de ayuda para esa zona del continente desestabilizada por la guerra civil de Etiopía. Occidente parece marginal en estas grandes maniobras que ven a Beijing tejiendo su red hacia el hemisferio sur. Se trata de un acuerdo dentro de un bloque que podría formarse entre China y Rusia, lo que volvería la OTAN una fuerza mucho más reducida, opacando del todo la fuerza estratégica de la Unión Europea. ¿Es lo que realmente quieren Rusia y China? ¿Los acompañarán Brasil, India y Sudáfrica?

La geografía de los BRICS se presenta como especular y alternativa a la del G7, club de los viejos países ricos. ¿Representa el acrónimo BRICS, por lo tanto, al menos potencialmente, la sala de control para desmantelar la globalización centrada en Estados Unidos y reemplazarla gradualmente con un orden internacional alternativo, cuyas reglas se decidirán en Beijing, Moscú, Delhi, Brasilia y Pretoria? El BRICS cumplió su mayoría de edad y va por los 21 años de existencia, es única y merece ser considerado, dado que, más que países emergentes, todos se encuentran entre las primeras 15 potencias mundiales. Este club, en realidad, no es un bloque comunista, como muchos podrían pensar: nada tiene que ver con el Grupo de Sao Paulo, donde la política populista extrema, asustó a muchos. Se trata de 5 economías con la mayor biodiversidad del planeta, mucho petróleo, mucho gas, mucho oro y ejércitos muy poderosos, que los ejecutivos chinos rodean con amorosa atención. No fue inventado por ellos sino por un economista norteamericano Jim O’Neill, entonces empleado de Goldman Sachs de Wall Street.

Para encontrar el antecedente decisivo y definitivo del nuevo orden mundial lo podemos encontrar en diciembre de 2001, cuando, según el empleado de Goldman Sachs,  China se convirtió efectivamente en “parte de nuestro mundo”. 

Esto es admitido en la OMC (Organización Mundial de Comercio), donde, en principio desde 1995, se han negociado y decidido las reglas de esa condición tan “hablada” desde que comenzó el siglo XXI, o sea la globalización. Como miembro de la OMC, se han abierto nuevos mercados a China desde finales de 2001. Desde entonces el crecimiento del monstruo oriental marchó a un 10% por año, un guarismo tan excepcional en el cual se cambió la vieja concepción que “lo chino es berreta” dado que TODAS las grandes marcas del mundo……..Todas, comenzaron a producir sus productos en la China Milenaria. Todo es chino: Apple, Mercedes, Audi, Microsoft etc. Desde hace unos cuantos años, el empleado chino no gana más 100 dólares por mes como al principio, sin embargo, se trata de un pueblo ordenado, firme, muy trabajador, puntual y con 1500 millones de almas que jamás conocieron una Democracia y, lo único que les importa, es tener un Jefe máximo, un partido único, su celular, su LED, su casita, su arroz ya más elaborado, su bicicleta (eléctrica) y una clase media alta que ya supera la de EEUU. Nunca había estado en China, pero cuando di una vuelta por Pekín, Shanghai y Jentsen (la ciudad de Ali Babá y Ali Express) vi ciudades modernisimas, llena de jóvenes muy felices que cuidan a sus “viejos”, acompañando una espectacular historia de despegue impulsado por las exportaciones. En la zona más cara de Pekin, un metro cuadrado cuesta entre 14.000 y 19.000 dólares: ¿quien lo hubiera pensado  hace un par de décadas? Hay marcas como Ferrari, Maserati, Rolls Royce y algunas más, que tienen todo vendido hasta el 2028. 

El milagro chino tiene lugar en dimensiones sin precedentes. Después de China, es el turno de India, llamado “el elefante dormido”.  Está despertando al ritmo de crecimiento de una terapia de liberalización (aunque corregida con fuertes dosis de proteccionismo, incluso más que en China).

La geografía del desarrollo se está expandiendo, por lo que Jim O’Neill, inventa el acrónimo de BRICS, agregando Brasil, Rusia y finalmente Sudáfrica e India. En un principio su intención era medio infantil: O’Neill con los BRICS queria ofrecer a los inversores una etiqueta sencilla y sugerente para indicar los nuevos mercados en los que invertir para aprovechar las oportunidades de la globalización tratando de convencer a sus empleadores que era un truco de marketing financiero. 

Esa sigla de los Brics nacida en la oficina de investigación de Goldman Sachs  se materializó, transformándose en una realidad geopolítica que hoy podría cambiar el mundo entero.

A los líderes de esos cinco países les gusta tanto el BRICS que se lo apropiaron, reuniéndose periódicamente en cumbres especiales a las cuales Occidente no puede participar, ni siquiera como oyente.

En los siguientes veinte años nació una clase media de más de mil millones de personas en los países emergentes, un mercado inmenso. Al mismo tiempo, sin embargo, la involución del régimen autoritario desmiente brutalmente las profecías optimistas de Clinton y Bill Gates, en las que el propio O’Neill creía, sobre la inevitable transición a la democracia que debería haber acompañado al capitalismo. Así que, la Democracia no llegó, por lo menos a nivel global de los 5 países y los más poderosos no conocen una urna

   En los siguientes veinte años, la aspiración común de superar un “mundo unipolar” emergió varias veces en las declaraciones de los jefes de estado y de gobierno de los BRICS. ¿Qué tan real es su convergencia? En algunos casos la armonía fue notable. Un ejemplo: en 2011 los BRIC adoptaron una posición común, absteniéndose, sobre la resolución de la ONU en la que Estados Unidos y sus aliados franco-británicos daban luz verde a la intervención militar en Libia. Aquí encontramos un fuerte punto en común de los BRICS: están marcados por un pasado colonial o neocolonial (India, Brasil), o porque tienen nostalgia de una era en la que podrían competir por el liderazgo mundial con Estados Unidos (la vieja URSS ahora Federación Rusa), o finalmente porque tienen ambiciones imperiales anti occidentales, sobre todo China. Todos tienen aversión al papel de los Estados Unidos y ya comenzó, en el siglo XXI, el lento pero firme proceso de desplazar USA como mayor fuerza planetaria. A pesar que el BRICS no tiene países “muy musulmanes”, por otra parte, con el lento y contínuo proceso de crecimiento de población musulmana en Europa (en los últimos años cerca de 80 millones), podría encontrar un aliado más para cambiar el equilibrio mundial. 

Un caso anterior, el fiasco de la cumbre de Copenhague sobre el medio ambiente (diciembre de 2009) había demostrado que solo la pareja de China-India puede ejercer un formidable poder de veto contra cualquier ambición de América + Europa de dictar la agenda internacional.

El estatus de los BRICS se fortaleció gracias a la recesión de 2008-2009. Se llamó una “recesión global”; por pereza mental, o porque persistimos en considerar a Occidente como el ombligo del mundo. En realidad, esa crisis fue esencialmente de Occidente + Japón. China no entró en recesión, ni siquiera durante un par de trimestres. India ídem. Brasil la padeció muy brevemente y luego salió a toda velocidad, encontrando rápidos ritmos de desarrollo gracias al impulso de la demanda china de sus materias primas y alimentos. Más que nunca, después de esa crisis, la geografía económica global comenzó a parecerse al subtítulo de un ensayo del historiador Niall Ferguson: “Occidente y el resto”.

El economista estadounidense Dani Rodrik se afilió a la teoría de que los BRICS “defienden el modelo de globalización de Bretton Woods, en lugar de la versión más reciente y extrema”.  La conferencia internacional se llevó a cabo en Bretton Woods en 1944 que preparó la arquitectura de la economía internacional para la era de la posguerra, bajo el liderazgo político de Franklin Roosevelt y el liderazgo teórico de John Maynard Keynes. Allí se crearon el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el GATT, antepasado de la OMC. A la URSS ganadora se le dió lo que quería (en esa época cuando no quería un Imperio sino un equilibrio) y, hasta 1989, se jugó a las escondidas entre las Coreas, los Vietnam, los misiles en Cuba, la guerra del espacio, en pocas palabras, la GUERRA FRÍA. Ese famoso teléfono rojo no era más que una forma de intercambiar figuritas entre los malos y los buenos (dependiendo de que parte se miraba)

  Fue un paso importante en la restauración de la libertad de comercio, promoviendo el comercio internacional que habría provocado muchos “milagros” económicos de la posguerra, desde el italiano hasta el alemán y el japonés (justo los que, por perder la II Guerra Mundial, no podían dedicar más del 1,6% de sus PBI al sector militar. 

Se trataba de una globalización parcial: las monedas no podían flotar libremente de forma desordenada, los movimientos de capital estaban sujetos a restricciones, las fronteras se abrían gradualmente. 

Rodrik señala que los BRICS tienen un enfoque selectivo de la globalización, que recuerda al mundo ordenado de Bretton Woods. China practica el proteccionismo mucho antes de que Donald Trump intentó devolverlo. Hace décadas que a las empresas chinas, el Banco Central chino le presta al 1% anual con 5 años de gracia……lo que, en economía, se llama Dumping.

Durante años China resistió las presiones occidentales en el frente monetario y continúa manteniéndose en un limbo de convertibilidad incompleta. India mantuvo ciertas restricciones a los movimientos de capital, así como una apertura gradual de las fronteras al comercio. Brasil aplica cuotas de facto de “base imponible laboral nacional” a empresas extranjeras que quieran invertir en sectores clave como el petróleo y las minas. Todos estos gobiernos actúan con pragmatismo: sin declaraciones de guerra ideológica contra Occidente, sino con un cálculo racional del interés nacional. Rusia y China también comparten el papel del capitalismo de Estado, sobre todo en sectores estratégicos.

 Las diferencias políticas e incluso valorativas entre las democracias india y brasileña y el sistema político autoritario que gobierna China son evidentes. Así como la rivalidad estratégica entre India y China que lleva a Nueva Delhi a aceptar avances estadounidenses para la cooperación militar. El gobierno de Narendra Modi en la cumbre en curso envió una garantía a los estadounidenses: la delegación india evitará la firma de un comunicado BRICS que podría sonar crítico con Washington.  La pregunta que sale naturalmente: ¿hasta donde China se la jugará por Rusia?

En estos momentos, el BRICS todavía no está listo para convertirse en “dueño del mundo”, pero, mientras tanto, se consolida como el club del mundo “otros que nosotros”. En estos momentos “duros” ninguno de sus miembros se adhiere a las sanciones contra Putin por la agresión a Ucrania.

STEFANO CASINI