El exjefe del Pentágono, Christopher Miller, a pedido de Donald Trump, tomó medidas para verificar los rumores de que Italia podría haber jugado un papel en la victoria presidencial de Joe Biden en 2020.
La confirmación oficial de las investigaciones estadounidenses sobre el llamado “Italy-gate” llegó en la última audiencia pública del comisión de investigación parlamentaria sobre el asalto al Capitolio, que se centró en la presión del entonces presidente sobre el Ministerio Público para anular el resultado de la votación.
En una declaración grabada enviada a la Cámara, Miller testificó que, ante la insistencia del entonces jefe de gabinete de la Casa Blanca, Mark Meadows, telefoneó al agregado militar estadounidense en Roma para investigar las sospechas de que los satélites italianos (Leonardo, NDR) habían transferido votos de Donald Trump a Joe Biden.
El rumor, que resultó ser una teoría de la conspiración, fue calificado de “pura locura” en la audiencia por el ex número dos del Ministerio Público, Richard Donoghue, quien había recibido una solicitud similar para investigar en esa dirección.
La audiencia también reveló que a fines de diciembre de 2020, Trump le pidió al Departamento de Justicia y luego al Departamento de Seguridad Interna que incautaran las máquinas de votación de los estados donde había perdido, nuevamente como parte de sus esfuerzos para demostrar que hubo trampa en las elecciones. Un movimiento que no habría tenido precedentes.
Trump estaba tan frustrado por la inacción del Ministerio Público ante sus acusaciones de fraude electoral que intentó torpedear al fiscal general interino Jeffrey Rosen, reemplazándolo -como él mismo confirmó- por un oscuro pero complaciente ejecutivo del mismo departamento, Jeffrey Clark, cuya casa fue requisada ayer por el FBI.
De las declaraciones trascendió que el 23 de diciembre de 2020, Trump llamó o se reunió con Rosen casi todos los días, presionando en varias direcciones, también para que nombrara un fiscal especial para investigar las sospechas de fraude electoral.
Su adjunto Donoghue dijo en una conversación de 90 minutos con Trump en la Casa Blanca el 27 de diciembre que le dijo sin rodeos que sus acusaciones de fraude no tenían fundamento.
“Quería ser franco porque nos quedó claro que había mucha gente susurrándole al oído, alimentando acusaciones y teorías de conspiración”, dijo. Uno de ellos fue el “Italy-gate”.
Cuando en la misma reunión Rosen le dijo al presidente que el Departamento de Justicia no podía chasquear los dedos y cambiar el resultado de las elecciones, el magnate -según informó- respondió: “Lo que te pido es simplemente que digas que (las elecciones, NDR) son corruptas y me dejan el resto a mí y a los diputados republicanos”.
Rosen advirtió además a Trump que si nombraba a Clark en su lugar, enfrentaría “cientos de renuncias” en el ministerio y perdería todo el liderazgo del departamento.