Wilson Ferreira

Hay frases ilustres, profundas, inolvidables y hay de las otras. Millones. Estamos rodeados de frases inocuas, en particular en política. A mí me pegó hace mucho tiempo una frase de Wilson Ferreira Aldunate: aproximadamente decía así: "si no somos capaces de gobernar bien con tres millones de habitantes no tenemos perdón" Una enorme verdad. Me la recordó un amigo recientemente.

No solo somos apenas 3.400.000 habitantes, somos las personas de este planeta que tenemos la mayor extensión de tierra productiva por habitante de todo el mundo, aunque no sea de nuestra su propiedad. Producimos alimentos para casi 8 personas por cada uruguayo y tenemos un potencial de alcanzar una producción de alimentos para 20 personas por cada habitante de este país, 60 millones de personas en un mundo cada día más demandante de alimentos. Tenemos un clima ideal, con cuatro estaciones bien definidas y un territorio geológicamente tan antiguo y estable como hay muy pocos en el planeta. Tenemos que hacer un ferrocarril de 273 kilómetros y no tenemos que atravesar ni siquiera un montículo, somos una llanura levemente ondulada.

Tendremos 1.500.000 hectáreas de bosques y exportaremos por más de 4.000 millones de dólares en pasta de celulosa y otros productos, mientras que hay países como Perú que tienen 68.733 265 hectáreas de bosques y exportaron en el 2017 US$ 855 931,47 dólares (Dirección General de Información y Ordenamiento Forestal y de Fauna Silvestre). Y sin embargo Perú sufre un proceso de deforestación creciente resultado de la tala ilegal por la agricultura silvestre de supervivencia, que liquida definitivamente los suelos y por la plantación de coca. Tenemos un defecto (para algunos...) nuestra producción principal es de volumen, se basa en grandes volúmenes (madera y celulosa, arroz, granos); disponemos de la carne vacuna con el segundo precio más alto del mundo y una producción lechera de primera calidad y alto desarrollo, somos el primer país de América Latina en producción de tecnologías de la información por habitante.

Somos el país de América Latina con más turistas por habitante, tanto visitantes como viajeros al exterior. Tenemos una posición geográfica de alto valor estratégico, pues además contamos con el único puerto natural de aguas profundas y con una gran capacidad de crecer en sus prestaciones: Montevideo. Y además las necesidades y posibilidades logísticas se han multiplicado de manera exponencial. Es cierto, no tenemos una mota de petróleo, ni de gas, ni de carbón, pero tenemos la matriz energética con la mayor proporción de energía renovable del continente (hidroeléctrica, eólica, biomasa, solar) y con la incorporación en 3 años de otro millón de Mw de energía de biomasa en un año, con la puesta en producción de UPM 2 dispondremos de una capacidad energética que debería permitirnos cambiar el error cometido durante décadas: utilizar a la UTE como fuente de recaudación fiscal y no de fomento de la producción y el riego.

Disponemos de reservas de agua para multiplicar por varias veces la superficie de tierra con irrigación artificial, con un aumento multiplicado de su productividad y lo podemos hacer bien y sin afectar el medio ambiente. Todo eso es obra de los uruguayos, de importantes inversiones del Estado, extranjeras y uruguayas (bastante tímidas) y tenemos una historia llena de grandes y positivas experiencias productivas, institucionales, educativas, sociales que nos colocaron a la vanguardia en muchos aspectos, pero todavía lejos de la posición que ocupamos en los años 20, y sobre todo a partir de los años 50 cuando comenzó la decadencia. Somos el país de la región con mejor calidad democrática, libertad de prensa y nivel de ciudadanía. Los últimos episodios lo siguen demostrando. En otras partes del mundo, el porcentaje de votantes se reduce, en Uruguay volvió a crecer aún sin el voto obligatorio (elecciones internas); los millones de dólares a manos llenas no logran apropiarse de ningún partido.

El mundo político uruguayo, a pesar de serios y duros debates, mantiene altos niveles de respeto y de civilidad entre los partidos y los líderes, aunque la soberbia del poder a veces nos juegue malas pasadas. De los que nunca pierden una huelga o de los que nunca reciben al principal líder de la oposición. Eso no cambia el fondo de nuestra forma de relacionarnos y de que la política desde la salida de la dictadura es la actividad más pacífica de los uruguayos. Hemos desarrollado en diversas oportunidades el recurso a la democracia directa a través de referéndum plebiscitos, para definir temas muy importantes.

También es justo reconocerlo que habiendo mejorado sin duda los indicadores sociales hace 10 años, ahora nos hemos estancado totalmente y sobre todo que nuevos procesos se presentan como elementos peligrosos y de gran impacto en la decadencia nacional: el nivel de la educación pública, el crecimiento exponencial e incontenible de la inseguridad y sobre todo las operaciones de las grandes bandas de traficantes de drogas utilizando el país como una plataforma de tránsito pero también de venta en numerosas bocas de expendio de drogas. Tenemos en algunos temas una legislación de avanzada, como por ejemplo en el tema del tabaco y de algunos derechos humanos, aunque estemos totalmente empantanados en la Verdad y la Justicia sobre los crímenes de la dictadura. Hemos tenido diversos episodios de corrupción, en varios gobiernos y con grados de gravedad diferentes. Pero los tuvimos.

Ocupamos en primer lugar en la región en cuanto a la transparencia, aunque no debemos conformarnos nunca en ese tema. Pero el tema de fondo sigue allí, impenetrable: tenemos todas las condiciones para tener un buen gobierno, de avanzada, con resultados y con una mejora del nivel de vida de nuestros habitantes muy superior al actual. Pero no somos un pais desarrollado y lo fuimos, y tendríamos que volver a serlo. No es un problema de buena voluntad, es una visión realmente de la necesidad de construir un Proyecto Nacional, con políticas realmente nacionales en los principales temas y eligiendo a los mejores, no por cuota política y reparto sino por rigor y seriedad en la elección. Lo del Proyecto Nacional, no es una novedad, lo tuvimos en los años 20 y 30 nos dio un gran resultado y mientras la Argentina era tan o más rica materialmente que nosotros, vivía la "Década infame" iniciada con el golpe de opereta del general José López Uriburu en 1930 que derrocó al presidente Hipólito Irigoyen y que culmina en junio de 1943 con otro golpe de estado militar que derrocó al presidente Ramón Castillo. No tenemos una historia oprobiosa como esa, nuestra institucionalidad solo fue interrumpida en el siglo XX con el golpe cívico militar de Bordaberry y los generales felones en 1973. En síntesis, tenemos todas las condiciones para tener un buen gobierno, lo imperdonable es la acumulación de retrasos y decadencias que hemos sumado en los últimos 35 años, con un recreo entre el 2005 y el 2010. Un buen gobierno.

por ESTEBAN VALENTI

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