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El discurso que dio ayer en Asunción el presidente Luis Lacalle Pou no llegó escrito desde Montevideo. El camino que podían recorrer sus palabras durante la Cumbre del Mercosur dependería de lo que planteara otro mandatario, el argentino Alberto Fernández. Si el tono era moderado, como se esperaba, el del uruguayo también lo sería, si era más beligerante -algo que se creía posible entre otras cosas por la situación política que se vive en el vecino país- se actuaría de similar modo.

Fernández eligió la calma y aunque la tensión existió, porque lo cierto es que los líderes tienen posturas irreconciliables en cuanto a la facultad de Uruguay de negociar de forma independiente un Tratado de Libre Comercio (TLC) con China, fue mucho menor que en el encuentro de cancilleres el miércoles, cuando Santiago Cafiero habló de “disgregación” del bloque y Francisco Bustillo dijo que no aceptaría que se ponga en duda la voluntad de Uruguay de integrarse.

No se sobreactuó y tampoco hubo amenazas, como algunas que se habían hecho oír en las últimas semanas de parte del gobierno argentino, en cuanto a que lo que estaba en juego era la permanencia de Uruguay en el Mercosur. Aunque, claro, tampoco existió el consenso. Hubo un par de declaraciones que fueron firmadas por los cuatro países miembros plenos, que contenían más que nada generalidades, en cuanto al respeto a la democracia, los desafíos de la pandemia o el “convencimiento” en la necesidad de que exista la cooperación internacional. Pero no pudo acordarse una comunicación formal conjunta, al punto que Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia -que no es miembro pleno e incluso hace algunos meses casi descarta seguir intentando entrar al Mercosur- hicieron una de forma independiente. Uruguay no se sumó porque no se hablaba de “modernizar” ni de “flexibilizar” el instrumento.

Es la cuarta cumbre del Mercosur consecutiva en la que todos los países no logran firmar un comunicado conjunto.

El primero en hablar fue Mario Abdo Benítez, que llamó a promover el comercio a través del bloque, pero no fue tan enfático en su crítica a Uruguay, como antes lo habían sido desde su cancillería. Sin embargo, terminada la cumbre, en una rueda de prensa habló sin medias tintas y lanzó que un posible acuerdo de Uruguay con China “puede amenazar a las industrias de Argentina, Brasil y Paraguay”. El gobierno de Abdo Benítez se encuentra en plenas negociaciones de un acuerdo comercial con Taiwán. Consultado sobre esto, el mandatario señaló que Taiwán no pone restricciones en cuanto a que su país pueda negociar con China, pero advirtió que el gigante asiático sí tendría algunos reparos al respecto en caso de que Paraguay se una al TLC promovido por Lacalle Pou. Desde el gobierno uruguayo, en tanto, se entiende que la declaración de Abdo Benítez luego de la cumbre fue “lógica”, debido a que en diciembre hay elecciones en Paraguay y en su gobierno hay ciertas “presiones” que debe atender.

Luego fue el turno de Fernández, que llegó más tarde de lo previsto a Paraguay y al Hotel Bourbon donde se celebró el encuentro. El argentino empezó hablando de las características del mundo actual, de las implicancias de la pandemia, del golpe de la guerra en Ucrania, del hambre que azota a varios países, de la necesidad de muchas naciones de acceder a energía y de la posibilidad de la región de proveer lo que los otros necesitan. Con voz pausada llevó adelante un largo hilo de razonamiento que terminó en la misma conclusión: “Estamos en un continente que tiene lo que el mundo requiere para el mañana. Y si no nos damos cuenta que tenemos que estar más unidos que nunca, podemos cometer el peor de los errores. El peor de los errores”, insistió.

Fernández miró a los ojos a Lacalle Pou y señaló algo que un día antes se había manejado también desde el gobierno paraguayo: la posibilidad de flexibilizar el bloque a partir de cambios en sus textos fundacionales. “Yo no me niego a analizar todo lo que haya que analizar -sostuvo-. Y eso, mi querido Luis Lacalle, se llama flexibilización del Mercosur. Me doy cuenta de que estoy viviendo en un mundo que está cambiando y estamos caminando en la cornisa. Y no quiero que ninguno de nosotros se caiga”.

El argentino, incluso, se refirió a la posibilidad de que el TLC con China sea con todo el bloque. “¿Por qué no lo analizamos juntos? ¿Por qué no vemos la factibilidad juntos? Porque va a ser mucho más importante el acuerdo si metemos a los 200 millones de habitantes que tiene Brasil”, señaló. Sin embargo, lo cierto es que tanto Uruguay como China plantearon ya al Mercosur ir hacia una negociación conjunta. El gobierno uruguayo, según supo El País, estaría muy interesado en esto, porque tendría “más músculos” en la negociación con Beijing. Se debería esperar a que los otros países hagan sus estudios de factibilidad, pero creen que “si se lo tomaran en serio, esto estaría listo en dos o tres meses”. De todos modos, también se sospecha que Fernández planteó esto sin un deseo real de concretarlo, sino como una forma de ganar tiempo, porque las negociaciones en el Mercosur demoran y mucho.

Después de Fernández habló Jair Bolsonaro, que emitió un mensaje grabado en el que llamó igual que Abdo Benítez a buscar estrategias para profundizar el comercio. Lo hizo sin referirse a la “flexibilización” -cosa que un día antes sí había hecho su canciller, Carlos França.

Luego llegó el turno de Lacalle Pou, que tuvo la última palabra porque también ayer Uruguay asumió la presidencia pro témpore del Mercosur, y dejo claro que su postura seguía siendo la misma: “En breve nuestros equipos estarán empezando a negociar el TLC con China. Pasada esta etapa hablaremos con los socios, y los invitaremos a ser un bloque con más potencia negociadora, pero sino vamos a avanzar”.