Se conocen las tendencias generales con precisión y se pueden sacar las primeras conclusiones políticas. El domingo 27 de octubre del 2019 surgió de las urnas un país diferente. Falta naturalmente definir cuál será la fórmula que ocupará el Poder Ejecutivo, pero han cambiado cosas muy profundas y comenzó un nuevo momento político nacional.

¿Cuáles son sus rasgos? Primero ya ningún partido, ningún lema o frente tendrá mayoría parlamentaria. Eso ya es una realidad que no cambiará de aquí al balotaje y el 1 de marzo del 2020. Es un cambio muy significativo, porque representa para cualquier gobernante, la necesidad, el arte, la inteligencia de lograr mayorías apelando a otras fuerzas políticas, a otras sensibilidades y erradicar la soberbia de las mayorías impuestas por mecanismos estructurales y aparatos piramidales que le impusieron al país, cosas buenas y muchas, muchas cosas arbitrarias y malas.

Porque mala fue la cultura de la omnipotencia, de cocinar todo dentro de la propia olla, sazonarlo, revolverlo y dárselo a tragar a todos los uruguayos. Nos acostumbramos a ello durante 15 años y ahora todos debemos cambiar esa cultura, esas prácticas de la verdad con propietarios. Segundo, el gobierno y el Frente Amplio, recibieron una clara señal del descontento mayoritario de la gente, de más del 60% de los uruguayos, que con sus diferencias, acentos y visiones, tienen algo en común, no comparten las propuestas del oficialismo y su absoluta falta de sentido crítico y la idea de que los buenos resultados de un primer gobierno vacunan contra los errores, las paralizaciones y la falta de rumbo de gobiernos posteriores.

Basta invocar a la izquierda y al progresismo. Se terminó ese tiempo y hay que construir uno totalmente nuevo. ¿Podrá el oficialismo hacerlo en serio, convincentemente, en estas próximas cuatro semanas? Si me guío por los discursos de los líderes del FA, de su fórmula, reiterando hasta el cansancio esa visión de que lo único que hay que hacer es mejorar lo que se ha hecho y no poner en peligro lo que se ha conquistado, subestimando en sentido ciudadano y crítico de los uruguayos, puedo decirles que tengo mis grandes dudas. Hay gente, dirigentes que siguen creyendo que ganaron el derecho a la eternidad. Si el FA se salvó de un desbarranque mucho más pronunciado fue por el pueblo frenteamplista, por los que en el último tramo de la campaña se pusieron sus causas, sus historias, su sensibilidad al hombro y salieron con sus banderas. Sobre todo en Montevideo. Pero lo hicieron.

Es un enorme capital político, pero sobre todo humano. Sus dirigentes no estuvieron a su altura. Y si comparo los discursos de las dos fórmulas y de los dos candidatos a presidente que pasaron al balotaje, quiero decirlo claro y fuerte, que la batalla se comenzó perdiendo, entregando argumentos, humanidad y sobre todo que si se asume lo que sucedió a las pocas horas, que fue la adhesión a la candidatura Lacalle-Argimón de casi todos los partidos de oposición, el panorama es realmente muy difícil para el oficialismo. Son esas cosas que no se arreglan con publicidad, con jingles, con escenarios de cientos de miles de dólares, con una propaganda millonaria, se combaten con ideas políticas, con inteligencia, con sensibilidad, con mucha humildad y con un gran sentido popular y nacional. Y no lo veo, no lo huelo, no lo siento.

La otra campaña comenzó este mismo domingo y queda un largo e intenso camino por delante. Habrá que seguirlo con mucha agudeza, porque hasta las verdades aparentemente sacrosantas de que la situación regional, los desastres de otros gobiernos vecinos, las complejas situaciones electorales y de gobiernos de derecha, iban a impulsar a una de las partes en puja en Uruguay, se demostraron equivocadas. Los uruguayos pisan fuerte su tierra, sus problemas y sus aspiraciones. También es cierto que el que dé todo por resuelto cometerá un grave error. Todavía no elegimos a nuestro presidente, observaremos, analizaremos, preguntaremos, escucharemos y el 24 de noviembre vamos a opinar en las urnas. Nuevamente.

Lo más difícil de la política es aprender todos los días, en particular de los tropiezos y sobre todo reconocer que las fracturas, las polarizaciones siempre tienen dos caras, dos posibilidades y un día juegan a favor y otro totalmente en contra. Así como hay cambios, hay constantes, la más importante: tenemos un pequeño gran país, que dio una nueva imagen al mundo de su profundo respeto de la democracia, de los valores republicanos y de su capacidad cívica. Tenemos nuestros problemas, algunos complicados y serios, pero tenemos las herramientas para resolverlos, parcialmente, en un camino que es interminable, es del progreso, de la libertad y de nuestra identidad. También esa es una diferencia nacional, constante, que hay que asumir con humildad, pero con firmeza.

por ESTEBAN VALENTI

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