Donald Trump (Depositphotos)

por Esteban Valenti

Este miércoles 20 de enero Donald Trump se irá por la puerta de servicio de la historia política de los Estados Unidos. Pero dejará plantada la semilla del trumpismo, una mezcla infame de nacionalismo, desprecio por las instituciones, golpismo frustrado y la erupción de las peores cosas de la sociedad norteamericana. Fue con esas cosas que ganó las elecciones hace 4 años y a las que apelará con la insistencia de un fanático en el futuro.

Trump es la síntesis, la peor de una época de decadencia global. Su discurso a veces payasesco, siempre amenazador, promotor de fracturas profundas a nivel internacional y nacional tiene sus seguidores, no solo en la turba que asaltó el Congreso de los EE.UU. o el 46% que lo votaron, sino en otras partes del mundo. En Brasil, en Gran Bretaña, en Hungría, en Filipinas, Polonia y Eslovenia y en una parte muy reaccionaria y de extrema derecha de la opinión pública.

Con el asalto al parlamento se han gastado ríos de tinta, horas de televisión, radio y en las redes para repudiarlo, rechazarlo, ridiculizarlo, pero es necesario explicarlo, sus dislates sobre la pandemia dejaron más de 20 millones de infectados y 380 mil muertos en los EE.UU. El país más afectado del globo. Y todas las consecuencias sociales y económicas derivadas. El asalto al Congreso dejó una mancha de vergüenza para los EE.UU. ante el mundo.

Me atrevo a decir que sin la pandemia y sus secuelas en los EE.UU. Trump tenía grandes posibilidades de haber sido reelecto y eso da una idea de la profundidad de la crisis cultural y moral de ese país. Y del mundo.

Trump aplicó una severa política neoliberal en la economía, con una sola excepción importante, la defensa del proteccionismo, junto a sus políticas de regulación laboral y de la salud, del medio ambiente. Ha nombrado a empresarios amigos en puestos claves, violando toda ética, a nivel educativo, la promoción de escuelas profesionales privadas disfrazadas de colegios y universidades que han tenido resultados educativos escandalosos a nivel del abandono y de inserción laboral de sus egresados. Estas escuelas dependen fundamentalmente de la financiación estatal.

El proyecto de Trump será presentarse nuevamente en el 2024 a la presidencia de EE.UU. con 78 años de edad y para ello mantendrá en vilo y en tensión al país y en particular al Partido Republicano, durante los próximos 4 años, también por eso es importante que asuma sus responsabilidades penales por el asalto al Congreso, aunque la batalla será fundamentalmente política e ideológica, pero a nivel institucional, por ejemplo en la Suprema Corte de Justicia ha dejado sembrada su mayoría ultra derechista.

¿Cómo es posible que un delirante, un empresario de asalto y sin moral haya llegado a la presidencia de la primer potencia mundial?

Supo interpretar la frustración de esa parte atrasada y retrasada de la sociedad norteamericana, la que aparece poco en las películas, pero que está y seguirá estando allí agazapada, con sus odios racistas, con sus frustraciones por el desgaste pronunciado del "sueño americano", por los cambios en la estructura productiva y por lo tanto social sobre todo en el sector industrial, por la emergencia de religiones evangélicas fanáticas y por un sector mayoritario del Partido Republicano copado por esos sectores políticos y sociales. También es bueno recordarlo, ganó por los profundos errores de su contrincante el Partido Demócrata y su candidata Hillary Clinton y su contubernio con Wall Street.

También supo utilizar la mentira, que ahora se llama de manera más elegante: "fake news" que cuando Joseph Goebbels el gran propagandista del nazismo la transformó en una poderosa arma política. Trump ganó las elecciones en base a una reconocida campaña de falsedades, deformaciones sistemáticas y utilizando las mismas redes sociales que ahora se lavan las manos y le cierran sus cuentas. Twitter, Facebook etc.

Hay muchos puntos de un insólito encuentro entre dos supuestos extremos, Trump y Nicolás Maduro. El primero y más notorio es en el territorio del ridículo, del show permanente, pero el de fondo, es el abuso del poder por encima de cualquier principio y límite, la otra coincidencia es el mismo método: promover la fractura más profunda posible a nivel internacional, regional y nacional. Construir sus enemigos irreconciliables, como hicieron Mussolini y Hitler.

Joe Biden, el nuevo presidente, el nuevo parlamento norteamericano con mayoría de los demócratas en ambas cámaras, tendrán que afrontar un primer desafío definitorio para comenzar a recuperar cierto grado de credibilidad a nivel nacional e internacional: procesar judicial y políticamente a Trump por sus delitos y su atropello a la Constitución, pero simultáneamente deberán intentar reducir la polarización fanática que existe en la sociedad y en muchas instituciones norteamericanas. No son tareas fáciles y compatibles.

Los latinoamericanos deberíamos tener como objetivo mantenernos a prudente distancia de los EE.UU. sobre todo en estos tiempos, desde el punto de vista político como económico. La historia nos avala, pero no será fácil.

Cuando el golpismo irrumpe nada menos que en el propio territorio norteamericano, las amenazas hacia el exterior son muy grandes. Los demócratas aún recuperando la seriedad, la sobriedad no son un ejemplo de relaciones equitativas con nuestra región. De parte nuestra, observando la decadencia en el mundo, las secuelas muy profundas y negativas que está dejando ya la pandemia, los nuevos y graves problemas globales deberían ser una lección para un auténtico proceso de integración y jugar un papel de equilibrio a nivel mundial. Estamos muy lejos de esto.

Trump se fue, pero los problemas quedaron. La realidad del cambio climático y las responsabilidades de los EE.UU. en esta materia (protocolos de Kyoto y de Paris) y de todos los grandes países contaminadores de tierra, cielo y mar se han agudizado; las asechanzas de los gigantes de Internet dueños y señores de nuestra información y de nuestros datos que nos transforman en usuarios siervos de sus negocios y sus normas y ahora los nuevos peligros para la salud humana.

La estela de naufragios de la pandemia ha hundido millones y millones de proyectos, de empresas, empresitas personales, familiares y de las otras, de puestos de trabajo formales e informales en un mundo mucho más descorazonado e injusto.

No podemos recluirnos en la denuncia y la descripción, es necesario buscar respuestas mucho más amplias, que incluyan en un esfuerzo, en una batalla por salir adelante a sectores muy variados de las sociedades y de las propias fuerzas políticas. En primer lugar a nivel de nuestro país, porque esa es una responsabilidad intransferible, pero dando impulso a nivel mundial a una batalla cultural, moral y política muy amplia para que el mundo no se estanque todavía más y la decadencia no nos arrastre a un costo humano y social cada día más grave. Hay fuerzas para esa reacción mundial, pero dispersas y muchas veces enfrentadas.

Nunca, las generaciones vivientes enfrentamos una situación de este tipo, que tiene en algunos personajes su símbolo y por lo tanto con las diferencias de enfoques, de ideologías, siempre y cuando sean democráticas, deberíamos promover iniciativas a nivel de los organismos internacionales y convocar a la sociedad civil de manera constante a ser parte de este esfuerzo.

La historia de la humanidad registra momentos similares, el siglo XIV, con la peste negra, el cambio climático sobre todo en Europa, la guerra de los 100 años, tuvo como contrapartida, como reacción del espíritu indomable de los seres humanos, el Renacimiento, no solo en las artes, sino en la política, en la filosofía, en las ciencias.

El haber desarrollado en menos de un año muchas versiones diferentes de una vacuna contra el Covid 19, y más allá de los negacionistas y los conspiracionistas que pretenden negar las evidencias científicas y los datos de la propia pandemia, es la demostración de la capacidad extraordinaria de los seres humanos. Pero estamos realmente muy lejos de una senda de reacción y de progreso frente a las diferentes crisis que afrontamos.

Lo que cada día queda más claro que no alcanza con la capacidad científica y tecnológica, al contrario, también en esos frentes hace falta una moral y son imprescindibles límites y horizontes claros y con valor civilizatorio y no solo comercial. La protección de la vida y del medio ambiente son los ejemplos más claros y abrumadores.

La decadencia, como lo demuestra sin una pizca de duda la historia de la humanidad, ha sido derrotada primero a partir de las ideas, de la producción en las ideologías en este tiempo, democráticas, en las ciencias sociales, en la filosofía y también en las artes. Es notorio que en medio de la pandemia que marca sin duda un hito negativo en este siglo, no hay en estos momentos esos impulsos ideales y culturales, o estamos muy lejos de ellos.

Lo que debería estar claro que cada uno encerrado en sus "verdades" no tendremos la fuerza ni el impulso para invertir este rumbo de profunda decadencia.

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