(Depositphotos).

Por Esteban Valenti*

El martes 23 me dieron fecha para renovar mi pasaporte italiano. Tengo pasaporte de esa nacionalidad porque nací en Italia, me corresponde, no es una gracia de nadie, menos de las autoridades de la embajada o del consulado. Y tengo ese documento ininterrumpidamente desde hace décadas.

Conozco mucha gente importante en Italia y nunca, absolutamente nunca le pedí ningún favor personal para acelerarme un trámite, ni siquiera para gestionar pensiones u otros beneficios. Lo único que tengo son reconocimientos honoríficos, que agradecí en su momento.

Luego de navegar por las tormentosas aguas del nuevo sistema en Internet del Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia, que parece hecho por los visigodos o los talibanes, por lo complicado, lo contradictorio, lo difícil, logré que me dieran una fecha para el trámite. Acumulé los diversos materiales requeridos, fotos, fotocopias, 108.00 euros en pesos uruguayos al cambio del día, en un importe exacto porque no dan cambio y, dos fotografías. Y naturalmente el viejo pasaporte y la cédula original uruguaya. Y esperé dos meses.

Me presenté puntualmente en las oficinas consulares. Primer impacto: la entrada es un bunker, blindado, donde hay que dejar el celular y cualquier material (mochila, portafolio etc) en una casilla con llave, pasar por un detector de metales, cruzar un jardincito y aguardar afuera, porque el local de espera tiene un aforo de 4 personas. Si llueve llevar toldo. 

Desde que se entra y afuera también, está lleno de carteles de "Prohibido" y naturalmente su versión italiana "Vietato". Les sería más barato poner menos cárteles solo con lo que se puede hacer, por ejemplo, Permitido-permesso "respirar". 

Espero que me llamen, luego de haber comprobado en dos oficinas que los malabarismos hechos para anotarme en la web y para confirmar la visita (hay que hacer las dos cosas) y me hacen pasar a una posición donde un funcionario - debo decir que amablemente - me dice que todo lo que llevo no alcanza, que tengo que legalizar mi estado civil, /casado, divorciado, viudo, lo que sea) traducirlo, apostillarlo en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay, ir a otra oficina consular en Avenida Brasil y cuando ambos trámites, el de la renovación del pasaporte y el de mi estado civil se completen, me convocarán nuevamente para entregarme el pasaporte. 

En estos muchos años de residencia en Uruguay, tuve muchos pasaportes, al punto que mi legajo, en poder del funcionario es realmente voluminoso, NUNCA, ABSOLUTAMENTE NUNCA ME PIDIERON EL RIDÍCULO TRAMITE DE CERTIFICAR MI ESTADO CIVIL, en Uruguay y con uruguayas. Como es obvio a mis 73 años no tengo hijos menores de edad.

Pregunto si la ley ha cambiado y me dicen que no, que se equivocaron en todas las oportunidades anteriores que no me reclamaron ese trámite complementario y fundamental. Lo admito: monto en cólera y les digo que no quiero el pasaporte, que mientras para el pasaporte uruguayo demoré diez minutos y no me pidieron esos ridículos certificados, en el consulado todo era un calvario y que podían ponerse el pasaporte donde les plazca. Reconozco que fui un poco más explícito.

Me voy, cruzo el jardincito y toco el timbre de la caseta blindada de la "prisión", porque a eso se parece y espero. No me abren la puerta. Insisto y veo que un funcionario pasa y dice, no le abran la puerta que tengo que hablar no se con quién. Y además se me acerca un uniformado, un carabinero, que no importa el grado, todos tienen uniforme de mariscal de campo. Le pregunto qué corno está haciendo allí y me dice que es "la práctica" es decir lo que corresponde. Le digo en todo subido, que ¿por qué no llaman a la policía uruguaya para que me reduzca. Como hicieron con un muchacho, Luca Ventre de 35 años que terminó muerto en el patio de la embajada, es decir en territorio italiano, por un agente policial uruguayo y que ha merecido un proceso judicial en Roma por las múltiples responsabilidades? Me dice que ese es otro asunto. Y yo pienso que es la misma prepotencia.

Y ya todo se estaba saliendo de los marcos de normalidad, evito los detalles, cuando aparecen dos amables funcionarias, la encargada del consulado y su vice y me hablan en tono muy cordial y tranquilizador. Y me insisten que esa es la ley y que antes alguien no la había aplicado completamente. Perfecto, pero eso no me cambia nada, yo no voy a hacer ningún otro trámite, no voy a apostillar mi estado civil uruguayo para obtener el pasaporte italiano que me corresponde por haber nacido en Italia.

Con profesionalidad y amabilidad me dieron muchas explicaciones, con el carabinero a pocos metros, a lo que le pregunté qué corno hacía allí. Y me insistió que era "la práctica", sería algo así como el "reglamento. Me dieron los datos para poder iniciar el trámite y yo les insistí que a partir de ese momento no quería tener absolutamente nada que ver con esas oficinas, ni con ese sistema absurdo y arbitrario y con los carabineros de guardia.

Les dije que la culpa no la tenía el funcionario que me había atendido, que era un engranaje más de esa máquina en decadencia absoluta que era la Italia de hoy, y que yo había conocido y amado a otro país y no este actual representando por esas oficinas de los "prohibido-vietato". 

Les haría un gran bien colocar un gran cartel: "no está prohibido colocarse al servicio de los ciudadanos, de la gente, de los italianos".

Les hice un último favor, les dije que los carteles de bronce en la puerta de la embajada estaban totalmente torcidos y que les traerían yeta – cosa que comprobaron conmigo – y me fui con la firme decisión de no pisar nunca más ese ex consulado, ahora transformado en una oficina consular.

Lo lamento, pero no voy a ser ni más ni menos italiano por tener una libretita de pasaporte, así que los que quieran pueden seguir llamándome "tano". Es más, me siento más tano que antes, por no haberme sometido a esas prepotencias burocráticas absurdas y arbitrarias de una ley que no cambió en muchos años pero que ahora parece que se aplica de manera diferente. Para ellos no está vietato, pasearme por otra oficina consular, por la traductora y por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay para apostillar y luego darme un documento que absolutamente me corresponde. Soy italiano.

La burocracia es una de las peores plagas, se devoró al imperio romano y se ha carcomido a la República Italiana, pero no solo la burocracia.

Voy a viajar con mi pasaporte uruguayo, obtenido en 10 minutos. A menos que me pidan visa apostillada. 

*Esteban Valenti

Periodista, escritor, director de Bitácora (www.bitacora.com.uy) y Uypress (www.uypress.net), columnista de Wall Street Internacional Magazine (www.wsimag.com/es), de Other News (www.other-news.info/noticias). Integrante desde 2005 de La Tertulia de los jueves, En Perspectiva (www.enperspectiva.net). Uruguay