(foto depositphotos)

Para los que peinamos canas hace mucho como yo, la simbología de un uniforme militar o policial, puede significar, al menos para los que vivieron dictaduras y golpes de estado, algo desagradable o hasta repugnante.

Habiendo vivido en más países y siendo originario de una Democracia “casi” plena como la Italiana, lo que viví en Uruguay entre 1971 y 1985 (“groso modo”), como a la mayoría de los ciudadanos, justamente un uniforme, tiene más que ver con una represión o un mal recuerdo que en algo positivo. 

Muchos de estos ciudadanos, lamentablemente, transmitieron a sus descendientes cierto rechazo hacia los que denominan despectivamente “milicos”. 

La represión, los golpes de estado, las torturas, las desapariciones, siguen, hasta hoy, marcando el rumbo del país y de la sociedad.

Como tuve la suerte en la vida de viajar por muchos países donde esas prácticas armamentísticas internas de las FFAA, pasaron largamente al olvido, puedo afirmarles que, si en Paris, los transeúntes o los turistas, ven 4 tanquetas con soldados armados a guerra frente a la Iglesia de Notre Dame, se sienten más protegidos que atacados visualmente. Como le enseñaba a mi hijo de chico o mis alumnos de grande, un arma es el mal o el bien. El mal si es usada para robar o matar y el bien, si se usa para que las llamadas “Fuerzas del Orden”, las utilicen para protegernos. 

En 2016, en mi ultimo viaje a New York, decidí, después de décadas, visitar la Estatua de la Libertad y realmente me asombró ver, entre los transeúntes, muchos soldados americanos vestidos como en Irak para la operación Desert Storm, con casco, M16, bombas de mano, radios y todos los implementos. ¿ me sentí mal? La verdad que me sentí que, si alguien hubiera planificado un 11.9 ese día, un mínimo de protección podía tener. Lo mismo me pasó en Roma, ciudad eterna donde, todos los monumentos más importantes, son custodiados por ejército o Policia, con tanquetas, cañones y armas automáticas.

Recuerdo que, cuando llegué a Uruguay, allá por el lejano 1965, no existía en la población esa adversión a un uniforme. Se los llamaba “guardia civil” o agente (los más modernos), paseaban entre nosotros con sus uniformes, saludaban y mostraban sus sonrisas protectoras.

Lo más extraño lo viví en Jerusalém, hace 3 años cuando, en esas callecitas que vemos en las películas, no se veía ningún militar armado. Me pareció extraño:  justo a metros de la Franja de Ghaza donde los tanques de todos los colores enceguecen por el brillo del sol. Hasta que mi compañero de viaje me dice: “Che tano, mirá a ese civíl de allá como se le abrió la camisa……tiene una Uzi abajo!”. Luego comencé a prestar atención y vimos varios policias o soltados vestidos de civil muy bien armados, con la última tecnología israelí, seguramente la más avanzada del planeta.

Uds. se preguntarán ¿porque escribo esto? En realidad porque, después de 38 años de Democracia, seguir diciéndole “milicos” despectivamente a cada uno que viste un uniforme (excepto los reales viejos torturadores de la dictadura presos que no deberían salir si no cumplieron órdenes superiores) me parece realmente anacrónico. Las Fuerzas del Orden fueron inventadas como lo dice su nombre: Fuerzas para poner orden. Si nos seguimos ensañando en estas prácticas anacrónicas, deberán pasar demasiadas generaciones para enderezar una convivencia más pura.

STEFANO CASINI