Cada vez que un tema supera la interpretación política clásica, o tiene visos de proyectarse hacia el futuro, sale a relucir la famosa batalla cultural. Al punto que yo estaba bastante escaldado de usar ese concepto a diestra y siniestra. Y lo usan desde todas las tiendas políticas.

Es más cómoda, menos comprometedora que decir la batalla ideológica, entre otras cosas porque la derecha le huye como al diablo a la “ideología”, cuando la expresa y la promueve de manera constante. Obviamente sus diversas variantes ideológicas. Como decía Roland Bartés “El sentido común trafica ideología”.

Podría decirse que la batalla cultural contiene dentro de su significado a la batalla ideológica y que toda batalla cultural es básicamente ideológica, en el sentido más amplio del concepto.

Los 135 nefastos artículos de la Ley de Urgente Consideración (LUC) contienen con mayor o menor fuerza un profundo significado ideológico y por lo tanto la batalla hacia el referéndum por su derogación es una batalla profundamente cultural.

Confirmar esos artículos además de los aspectos institucionales, legales y naturalmente políticos representaría un profundo retroceso cultural de la sociedad uruguaya. Y sobre ese retroceso las fuerzas conservadoras van a insistir por este camino. Y no solo culturalmente sino combinando ambos planos, leyes, decretos, actos de gobierno y mensajes culturales e ideológicos.

Abajo o sobrevolando los 135 de la LUC según mi opinión hay muy claros frente de la batalla cultural. Y es también por ello que acepté participar en esta campaña en forma activa, en la comunicación y por ello insisto que no es una campaña de las organizaciones que convocaron y juntaron las 800 mil firmas, que fueron fundamentales en esa etapa y en la que yo creía que no se iba a llegar, ahora es una campaña ciudadana, con miles y miles de voces, de sensibilidades que deben ser los grandes protagonistas. Solo ellos pueden ganar este referéndum, los ciudadanos.

El primer frente de la batalla cultural es contra el concepto deformado de la “libertad”, porque en realidad es la “Libertad para unos pocos” contra la libertad de todos y para ello utilizan un buen disfraz.

Es la libertad de reformar la educación entre burócratas y políticos excluyendo a los docentes e incluso a los padres, es decir, la libertad de muy pocos.

La supuesta libertad de matar a alguien en defensa propia, cuando ya existía legislación sobre ese aspecto, que en el Uruguay en muchos años, nadie fue preso por negarle la legítima defensa y en realidad es la legalidad para las fuerzas de seguridad, que tampoco la utilizaron en exceso, pero la utilizaron en algunos casos y va contra el supremo derecho a la vida.

Pero además tiene una paradoja trágica, si me proponen que van a mejorar la seguridad a través de la policía y las fuerzas de seguridad ¿Por qué promueven que la gente se arme? Es contradictorio y muy peligroso, y juega sobre otro frente ideológico, el del “pequeño enano fascista” que todos llevamos dentro, me incluyo. El de la bronca, la rabia y en definitiva la justicia por mano propia. Y con un “detalle”, cuando más violenta hagamos la sociedad a nivel personal y familiar, más violentos serán los delincuentes. Es así en todo el mundo.

La libertad de ir a trabajar, es en realidad el cambiar las prioridades, va contra la libertad de todos de defender sus derechos, su salario. En el Uruguay donde hay una sola central sindical, donde no hay desbordes y que comparado con otros países (Argentina, Brasil, Paraguay, Chile, Colombia, Ecuador, Venezuela, EE.UU. o incluso varios países de Europa, es un vergel de mesura) es un derecho de las minorías, la libertad de los de arriba.

Tomemos un solo caso, los conductores de camiones, hace dos años que les suspendieron la instalación de un sistema de control satelital para controlar los camiones, para evitar la evasión fiscal, del BPS, para que le paguen a esos trabajadores lo que les corresponden, pero sobre todo para evitar el flagelo de los accidentes en las rutas, donde mueren decenas de conductores de camiones por año, hay centenares de víctimas en las carreteras porque los accidentes con camiones son casi siempre graves. Y trabajar durante decenas de horas al volante es un peligro muy grave.

Pues se preocupan de enviar la Guardia Republicana, por unos pocos instantes en que los conductores se sientan a la entrada del puerto, pero durante dos años no hicieron nada, solo favorecieron a los grandes camioneros, la libertad de esos pocos contra la de todos los uruguayos.

La libertad de manejar 100.000 dólares en efectivo, es la de una pequeña minoría de los uruguayos y de extranjeros, que por otro lado favorece a los narcotraficantes y a los corruptos, contra la mayoría de los ciudadanos decentes de este país. Mientras en el mundo civilizado en todos los casos se reducen el manejo de efectivo aquí se llega al absurdo de aumentarlo en esa proporción.

La libertad de los menos, de los que pagan los salarios en el campo a pagar en efectivo y a imponer ese criterio, contra el derecho de los trabajadores rurales de tener un acceso adecuado a los medios de pago electrónicos, es decir replegar la obligación de los bancos y del estado de igualar los derechos y las posibilidades, por una supuesta comodidad, que es retroceder varios años en lugar de avanzar hacia donde marcha el mundo. Inexorablemente.

Es la batalla cultural contra el egoísmo social por encima de todo, si pago menos por un servicio, aunque vaya a enriquecer a dos grandes empresas transnacionales de telefonía celular, no me importa que pierda el estado porque pierde ANTEL. Y además abrirles las puertas para privatizar otros servicios bajo la bandera de la libertad de elegir.

Es parte del objetivo de replegar todo lo posible y un paco más las responsabilidades del Estado bajo la bandera de la libertad para unos pocos.

Habría muchos otros casos, pero para comenzar creo que estos son ejemplos suficientes. Lo cierto es que con ropaje de “futuro” lo que se huele es un potente olor a apolillado.