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Los vientos de guerra soplan cada vez más fuertes en Ucrania, pues, tras la alarma estadounidense sobre el riesgo de una invasión inminente -ya que el miércoles es el Día D señalado por la CIA-, la diplomacia intenta jugar las últimas cartas para evitar el enfrentamiento armado.
Sin embargo, no surgió ningún avance de la conversación entre los presidentes de Estados Unidos y Rusia, Joe Biden y Vladimir Putin.
Al contrario, porque, en una llamada telefónica que duró poco más de una hora, los dos líderes reafirmaron sus posiciones.
Los informes oficiales del intercambio entre los principales actores de la crisis restituyen un estancamiento que las cancillerías no parecen capaces de superar.
El presidente estadounidense “fue claro” y advirtió que, en caso de ataque, Occidente responderá de manera “decisiva” e impondrá “costos severos”.
Lo reportaron fuentes estadounidenses, y subrayaron que “siguen comprometidos con la diplomacia pero están listos, “con aliados y socios, también para otros escenarios”. Y si el Kremlin confirmó que los líderes acordaron continuar el diálogo, tomando en consideración las propuestas de Biden pero calificándolas de insuficientes, Moscú no escatimó en declaraciones fuertes, al hablar de “la histeria estadounidense en su apogeo”.
En tanto, una llamada telefónica preparatoria hubo entre los jefes de las respectivas diplomacias.
Si el secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, habló de “signos muy preocupantes de una escalada en Rusia, como la llegada de nuevas tropas a la frontera con Ucrania”, el canciller ruso, Serguéi Lavrov, volvió a acusar a Occidente de haber “ignorado” las peticiones de Moscú en materia de seguridad.
Sin embargo, Lavrov, de acuerdo con la CNN, incluso después de la alarma de Estados Unidos, “negó que Rusia tenga la intención de invadir Ucrania”.
Por otro lado, se produjo la enésima conversación telefónica larga de Putin con el presidente francés Emmanuel Macron, justo antes de la que mantuvo con Biden.
Un “diálogo sincero” no es compatible “con una escalada”, advirtió el líder francés, y aprovechó la ocasión para reiterar la “determinación” occidental, aunque ante esa declaración recibió como respuesta la acusación de haber lanzado “especulaciones provocadoras”.
Macron, el actual presidente de la UE, también hizo un análisis de la situación con Biden, con el canciller alemán Olaf Scholz y con el primer ministro ucraniano Volodymyr Zelensky.
Pero, a medida que pasan las horas, las perspectivas de un conflicto se fortalecen.
Hoy Italia se sumó -con Alemania, Holanda, España, Suecia y Dinamarca- a la lista de países occidentales que invitaron a sus compatriotas a abandonar Ucrania.
“Todos estamos trabajando para evitar una escalada”, dijo el canciller Luigi Di Maio, y agregó que “obviamente trabajamos para mantener abierto un canal de diálogo con Moscú”.
Sobre el terreno, las señales de alerta también se pueden leer en la decisión estadounidense de retirar la casi totalidad de sus soldados presentes en Ucrania para entrenar a las fuerzas locales, pocas horas después de anunciar un reforzamiento del frente polaco con el envío de otros tres mil efectivos.
Y las tensiones militares también se reflejan a miles de kilómetros de Ucrania.
Un submarino clase Virginia de la Armada estadounidense fue interceptado y retirado por el destructor Marshal Chapochnikov en aguas territoriales rusas en el Pacífico, afirmó la Defensa de Moscú, que convocó al agregado militar de Washington.
Pero el Pentágono no confirmó lo sucedido.
En todo ello, Kiev sigue instando a los ciudadanos a “mantener la calma, unidos dentro del país, evitar acciones desestabilizadoras y generadoras de pánico”, mientras que el presidente Volodymyr Zelensky insistió en que las advertencias occidentales “provocan pánico”.
Un clima tenso y atravesado también por las acusaciones mutuas de provocaciones -los separatistas de Donetsk denunciaron una explosión a un kilómetro de la línea de contacto, lo que sugiere que podría tratarse de un vídeo de propaganda ucraniana- y por las falsas alarmas de bomba en colegios o supermercados, multiplicadas en una guerra de nervios que cada vez más amenaza con la de las armas.