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por Esteban Valenti

Ningún gobierno, ni intendencia, ni partido político alguno, sindicato, asociación, o simplemente un médico, una enfermera, una maestra, un capataz, un obrero o empleada e incluso gente mucho más joven tuvo ante si tamañas responsabilidades, todos los días y con implicancias que van mucho más allá de lo habitual. Resoluciones graves que tienen que ver con la salud, la vida, el trabajo, el futuro de personas, familias y empresas.

Los datos diarios, las estadísticas que al principio eran solo una ventanita a una tragedia global que nos esquivaba, ahora se ha ensañado con nosotros, en primer lugar por los que mueren todos los días, los que tienen que ser internados en los CTI y por los miles que se contagian. No le envidio a ninguna autoridad, al presidente, a los ministros, a los intendentes y sobre todo a los médicos intensivistas y el resto del personal de la salud, sus duras alternativas, su trabajo, sus tensiones y sus dolores. La pandemia es una terrible prueba humana.

En estos días he recibido decenas de testimonios sobre esta situación y la angustia que produce. Trata de ponerme en sus lugares y me doy cuenta todo lo que están sufriendo.

Parto de la base que todos los involucrados, los que aciertan, los que erran, lo hacen con las mejores intenciones. Los involucrados son sus compatriotas, sus familiares, sus compañeros, sus colegas. No queda mucho lugar para la insensibilidad.

No soy de los que vive gritando contra la política, contra los políticos y atacando toda opinión que tenga un origen de ese tipo. La política está siempre presente, lo demás es cuento o dictadura.

Cada uno tiene su propia visión de “espalda con espalda” o “codo con codo”. Siempre ha sido así y siempre lo será. Por ello no puede evitarse el debate, el intercambio, las diferencias. Y más dura es la situación y más complejo y tenso será el debate.

La gravedad de la situación es innegable y las responsabilidades en este cambio brusco y profundo de la pandemia en el Uruguay, tiene naturalmente una influencia determinante del comportamientos del estado, del gobierno, de la sociedad que influyeron de manera muy clara. Si al principio, la rapidez, la energía, el apoyarse en la comunidad científica, la claridad de los mensajes del gobierno tuvieron una influencia determinante en los excelentes resultados obtenidos en más de medio año, ahora que las cosas han cambiado radicalmente es obvio que vamos a interrogarnos sobre los cambios y sobre los errores cometidos.

No se le puede atribuir toda la responsabilidad desde el gobierno y sus partidario, a una pocas convocatorias a manifestar, ellos saben que esa no es la causa principal, aunque lo repitan mil veces, tampoco la situación cambió por la cepa P1 la brasilera, porque era absolutamente previsible que penetrara por la frontera con mucha fuerza y casi no se hizo nada para prevenirlo y lo que ahora se está haciendo es tarde. Y ese es un rasgo fundamental de la situación: el uso del tiempo, la oportunidad. Y se perdieron tiempos muy valiosos.

El gobierno solo no tiene la capacidad de enfrentar esta nueva situación, aunque la vacuna esté en marcha a buen ritmo, el costo, las heridas, sobre todo humanas y sociales son muy altas y serán mayores.

Todos sabemos que saldremos de esta situación, incluso en los países más golpeados, el problema es la profundidad de las heridas, eso es lo que hay que reducir, evitar.

Las armas a disposición son pocas. Las vacunas requieren de un tiempo, de varios meses. El Uruguay, gracias al presidente y no a los intermediarios y al gobierno de China, tiene una buena cantidad. De la OMS y el Covax mejor ni hablemos. Cuando esto termine habrá que revisar a fondo toda esa maraña supranacional burocrática y bastante inútil. Los que tenemos entre 71 y 79 años seguiremos apuntados y esperando.

Pero se puede cambiar la estrategia de la vacunación. Vacunar siete días por semana, ampliar el número de vacunatorios y concentrar en la frontera, por donde se filtra a raudales la P1. Disponemos de 1.200.000 vacunas en los depósitos y llegan 50.000 Pfiser por semana. Habría que agotar ese stock en el menor tiempo posible y en los lugares más expuestos. Es justa la actitud de tener a disposición las dos dosis y no depender de futuras entregas.

No opino, porque no sé sobre la compra de otro tipo de vacunas. Ni sobre la AstraZeneca de la que todos los días se sabe menos, sobre todo en cuanto a las entregas.

El segundo gran frente es la prevención y allí andamos flojos. Hay que disminuir la circulación a toda costa, si al gobierno se le clavó en la cabeza la “libertad responsable”, y aunque hay sectores enteros de la población que no la pueden practicar, es asunto de ellos, si a otros les gusta la “cuarentena  obligatoria”, los uruguayos no podemos quedar atrapados entre esa polarización, lo que importa es que DISMINUYA RADICALMENTE LA CIRCULACION, tomando muchas más medidas, como se hizo al inicio de la pandemia. Remember marzo 2020, no hay nada que inventar. Incluso endureciendo las sanciones, incluso penales para los que promueven las aglomeraciones de todo tipo. Es hueco en nuestras defensas sociales y sanitarias hay que cerrarlo y eso implica tomar medidas ejemplarizantes y no hacer demagogia, de ninguna de las partes.

Entre las medidas preventivas el uso de dos mascarillas se puede imponer de manera coercitiva. El que no use mascarilla en lugares con público, de cualquier tipo, que pague una multa, que asuma su responsabilidad. ¿O el lasser faire es libertad responsable? ¿Es liberalismo?

No podremos controlar el alcohol en gel o la lavada de manos, pero si podemos controlar la circulación con todo el rigor de la ley y lo mismo el uso de las mascarillas.

Si el plan maestro es correr la pandemia desde atrás, ampliando los CTI, vamos a perder la batalla, no tengan la menor duda. Ya  La estamos perdiendo.

Y al final viene un capítulo obligatorio: los costos. No los pueden calcular los contadores, los obsesivos sobre el déficit fiscal, la deben manejar los políticos, el gobierno, el presidente. Y puede y debe apoyarse en todo el sistema político y social. Le haría muy bien al país y al propio gobierno.

Hay que asumir que la prevención, las vacunas y toda la pandemia nos va a costar mucha plata, mucha más de la que se calculó inicialmente. Si seguimos flotando sin adoptar cambios en los diferentes frentes, el costo será mucho mayor. Y sobre todo el costo humano, el que es irrecuperable.

Los uruguayos nos vamos a vacunar, nos estamos vacunando y no por cierto por los pésimos mensajes publicitarios. Sino por la capacidad del gobierno, del sistema institucional y político y de los médicos y especialistas de transmitir mensajes claros y demostrar una sensibilidad adecuada la grave crisis que enfrentamos. Y también porque creció el temor entre la gente sobre el covid 19.

Cuando la política se antepone a la humanidad, no solo se desprestigia, sino que seguramente fracasará. Y no queremos que fracase.