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por Esteban Valenti

Las redes le han dado una nueva dimensión a un rasgo muy antiguo de la política, la mentira, incluso le hemos puesto un nombre: Fakes Newsy se han transformado en una potente arma arrojadiza del debate político en el que participan millones de ciudadanos. En las campañas electorales la mentira combinada en las redes, en los discursos, en los medios, se ha transformado en un componente fundamental y temible. Ha ganado elecciones en naciones importantes, por ejemplo en los Estados Unidos.

Como decía Hannah Arendt que escribió importantes aportes sobre política y la mentira: "Nadie ha dudado jamás que la verdad y la política nunca se llevaron demasiado bien, y nadie, por lo que yo sé, puso nunca la veracidad entre las virtudes políticas" "Verdad y política"

Es un poco drástica...yo creo que la verdad debe ser una virtud política a defender y la mentira uno de los mayores peligros y degradaciones de la política y sobre todo de los gobiernos, es decir del poder. Coincido con Montesquieu que los gobiernos comienzan su degradación, precisamente cuando recurren a la mentira como una de sus armas principales. Ningún régimen democrático auténtico puede tener entre sus principios, la mentira, es decir negar la verdad.

Y eso está sucediendo en Uruguay en forma concreta y continuada y no me refiero a mentiras filosóficas sino a deformaciones factuales, de los hechos, realizadas de manera consciente, premeditada, planificada y constante. O al ocultamiento de hechos, que es otra de las formas de la mentira.

Mientras en la dura batalla contra la pandemia, funcionó un mecanismo gubernamental de información preciso, constante, actualizado que le daba a la ciudadanía, en un tiempo de extrema incertidumbre, la tranquilidad de conocer lo que sucedía, las medidas que se adoptaban y las cifras reales de la peste, ahora funciona un sistema, un relato cada día más basado en la mentira. Lo de la pandemiale dio un gran resultado al país y al propio gobierno.

Ahora el gobierno mintió en el caso de la entrega del pasaporte al principal jefe de una mafia narcotraficante en Uruguay, Sebastián Marset y no logró nunca sacarse esa imagen y esa realidad, que involucraba desde el Presidente a dos ministerios fundamentales, Interior y Relaciones Exteriores.

Poco días después con denuncias desde diferentes fuentes surge que hay jefaturas policiales que organizadamente falsean los datos de los delitos cometidos en su jurisdicción, ante un aumento notorio de los crímenes, la lucha por la seguridad fue una de las principales banderas del actual gobierno multicolor, tanto en la campa electoral, como en el referéndum por los 135 artículos de la LUC. Incluso el propio Ministerio del Interior manipula los datos de los asesinatos con una sospechosa utilización de las "muertes dudosas".

El climax de esta escalada de la mentira, coincide con uno de los escándalos más importantes que se haya conocido o se recuerde en el Uruguay y relacionados directamente con la figura del Presidente de la República, el descubrimiento por parte de la fiscalía de que el jefe de la custodia presidencial, Alejandro Astesiano, formaba parte o dirigía una banda de delincuentes que desde la propia sede del Poder Ejecutivo traficaba pasaportes a ciudadanos rusos, por valores que demuestran claramente que se trataba de una red de delincuentes abasteciendo a otros delincuentes. Por ahora el gobierno reconoce que se entregaron 195 pasaportes y los costos conocidos rondan las decenas y hasta el centenar de miles de dólares por cada uno de los documentos. Obviamente los receptores no eran inocentes abuelitas rusas y se trataba de una completa organización ramificada nacional e internacionalmente.

Desde que saltó el escándalo hemos asistido a una suma de mentiras, que se iniciaron con las declaraciones del propio Presidente Luis Lacalle Pou, que dijo desconocer los antecedentes de este personaje colocado en un lugar clave de la seguridad del Estado uruguayo. Datos aportados por el director de Inteligencia Estratégica Álvaro Garcé, por correligionarios blancos del propio presidente del departamento de Rivera pero también por diversos materiales periodísticos, demostraron que Lacalle sabía de la condición de delincuente consuetudinario de Astesiano. La trayectoria de este personaje con decenas de anotaciones en su legajo policial y los 23 años que estuvo al servicio de la familia Lacalle o de otros dirigentes blancos desmoronan de manera absoluta las primeras afirmaciones del Presidente, que  luego se desdijo, con nuevas declaraciones.

La cumbre de las mentiras se alcanzó en la comparecencia en régimen de Comisión General en el Senado de la República de varios jerarcas del gobierno, donde llegaron a afirmar que Astesiano no era el jefe de la custodia presidencial (Ministro del Interior Luis Alberto Heber y el pro- secretario de la presidencia Rodrigo Ferrés). Una mentira que además de un insulto al Senado como institución de la república, lo fue a la opinión pública que escuchó al propio Presidente desmentirlo totalmente en diversas oportunidades con sus declaraciones, previsas y posteriores al encámdalo, pero además en la propia sesión del Senado aparecieron documentos oficiales firmados por Ferrés y por el propio Astesiano  confirmando el cargo de Jefe de la Custodia Presidencial.

En el marco de la estrategia oficial, mejor dicho blanca, porque colorados y cabildantes los dejaron más solos que el "uno", recurrieron a una carta de la secretaria del entonces Presidente José Mujica, sin leerla, con el único objetivo de entreverar todo, de embarrar a todos y sobre todo a anteriores gobiernos y que cuando se leyó en sala y se informó que en definitiva los dos rusos no habían recibido el pasaporte hasta este periodo de gobierno, se confirmó que se trataba de otra flagrante mentira. ¿Podía desconocer el Presidente Lacalle que sus ministros y jerarcas utilizarían esa sucesión de mentiras en el Senado? Imposible.

Con lo cual, las mentiras se han transformado en una forma normal y permanente de relacionamiento del Poder Ejecutivo con el parlamento y con la opinión pública.

No es nuevo, todo el affaire, de la entrega (no el regalo...) del puerto de Montevideo por 60 años a la empresa belga KatoenNatie, está basada en una sucesión de mentiras, comenzando por un supuesto juicio internacional contra el Estado uruguayo por 1.500 millones, que en la actualidad ha desaparecido de la justificación gubernamental por lo absurda e imposible de probar. Y los actores son casi calcados: Lacalle, Heber y Ferrés.

¿Este será el camino que recorrerán los actuales gobernantes para construir su relato, ante el notorio fracaso de las cifras oficiales y comprobadas de delitos, de asesinatos, de distribución de la riqueza, de pobreza, sobre todo infantil, de enriquecimiento escandaloso y de casi nula inversión de los mallas oro, que acumularon ya en sus cuentas corrientes en Uruguay y en el exterior más de 9.000 millones de dólares? Lo que no pueden mentir, es que el modelo está dando estos resultados, empeorando la calidad y el nivel de vida de una parte fundamental de la población del país a pesar de que este año el país alcanzó los 18.000 dólares de PBI per cápita, superando el del 2019.

La política de la mentira, naturalmente afecta a los mentirosos, pero afecta y afectó a todos los que la practicaron, los que negaron en el pasado reciente hechos que la justicia y la vida confirmó plenamente, pagaron altos precios políticos.

La mentira afecta la calidad democrática del Uruguay, el nivel del debate político, el respeto entre los adversarios e incluso de los aliados, la convocatoria al Senado por el caso Astesiano, es una demostración evidente, y afecta al propio Partido Nacional y en particular al pueblo blanco, que no se merece este desbarranque de la política y de su partido.

Ahora quiero reflexionar brevemente sobre mi propia experiencia personal, cuando el discurso político está totalmente encadenado a una ideología, podemos llegar a negar la realidad de tal manera que la mentira sea parte fundamental de nuestro arsenal. Los tanques rusos invadieron Checoslovaquia y no fue a pedido y en ayuda del pueblo checo, fue una barbaridad, una violación de la soberanía y de la libertad, repudiados por la gran mayoría de ese pueblo. En Polonia se dio un golpe de Estado y así podríamos seguir. Las mentiras no pueden esgrimirse como un acto de fidelidad a una causa, entre otras cosas porque en mi caso, la vida me demostró que finalmente fueron esas mentiras las que hicieron explotar todo el "socialismo real", los que enviaron los tanques fraternos, (la URSS) y los que  sufrieron esas "ayudas" en diversos países. Recomiendo releer la frase inicial de este artículo de Montesquieu.

Voy a terminar con otra frase de Montesquieu al que tanto le debe La Ilustración y por lo tanto las ideas y la historia: "El hombre de talento es naturalmente inclinado a la crítica, porque ve más cosas que los otros hombres y las ve mejor". El político que sustituye el espíritu crítico por la mentira, no solo ve menos cosas, sino que las ve deformadas y vive en un mundo de fantasía y le hace mucho mal a la política, en un tiempo muy peligroso.