POR FAUSTO GASPARRONI
En la fachada de la basílica de San Pedro hay desde hace días grandes tapices con imágenes de los diez beatos -seis hombres y cuatro mujeres- a los que el papa Francisco proclamará santos hoy.
En la plaza está todo dispuesto, incluso con la decoración floral aportada para la ocasión por los Países Bajos, para acoger la misa presidida por el Pontífice en el atrio de la Basílica y las decenas de miles de fieles procedentes de los países de origen del nuevo santos.
Además de Italia, con cinco canonizados, también de Francia (tres), India y Holanda (uno cada uno).
Y cada país también estará representado por delegaciones oficiales: la italiana encabezada por el presidente Sergio Mattarella, que tendrá así la oportunidad de saludar al Papa por primera vez tras su reelección, y tras la cita perdida en Florencia el pasado 27 de febrero, cuando Francesco tuvo problemas por el dolor en la rodilla.
Se prepara, pues, una gran celebración de la fe, capaz de recordar las anteriores a la pandemia. Y la única incógnita es precisamente el persistente dolor en la rodilla derecha que condiciona desde hace meses los compromisos de Francisco y desde hace más de una semana le obliga a participar en las audiencias en silla de ruedas.
El percance podría llevar al Papa a delegar la celebración de la misa al prefecto para las Causas de los Santos, el cardenal Marcello Semeraro, mientras que pondría su sello pronunciando las fórmulas de canonización y la homilía.
Seguramente, después de la representación final del Regina Caeli, habrá un recorrido de Jorge Bergoglio en la Plaza de San Pedro en el papamóvil’ con la posibilidad de “ir más allá” del territorio vaticano, atravesando la Piazza Pio XII y el primer tramo de Via della Conciliación para saludar a los peregrinos allí presentes.
Entre los nuevos santos, los nombres que más destacan son los del religioso francés Charles de Foucauld (1858-1916), vizconde de Pontbriand, explorador del Sahara y estudioso de la lengua y la cultura tuareg, pionero del diálogo con diferentes civilizaciones y creencias.
Y el del sacerdote holandés Titus Brandsma (1881-1942), mártir del nazismo, periodista de periódicos católicos que no dejó de oponerse a los ocupantes hitlerianos y acabó internado en Dachau, donde fue asesinado con una inyección de ácido fénico. Una petición promovida por algunos periodistas holandeses que lo propusieron al Papa como nuevo copatrono de la categoría, junto a san Francisco de Sales.
También está el primer beato indio, Lázaro conocido como Devasahayam (1711-1752), un ex oficial asesinado por un grupo de soldados debido a su conversión al cristianismo.
Los demás son todos religiosos: el francés Cesar De Bus (1544-1607), fundador de la Congregación de los Padres de la Doctrina Cristiana, y Marie Rivier (1768-1838), fundadora de las Hermanas de la Presentación de María. Luego los cinco italianos: el sacerdote de Bérgamo Luigi Maria Palazzolo (1827-1886), fundador del Instituto de las Hermanas Poverelle; el sacerdote napolitano Giustino Maria Russolillo (1891-1955), fundador de la Sociedad de las Divinas Vocaciones y de la Congregación de las Hermanas de las Divinas Vocaciones; la piamontesa muerta en Uruguay Maria Francesca di Gesù Rubatto (1844-1904), fundadora de las Terciarias Capuchinas de Loano; Maria di Gesù Santocanale de Palermo (1852-1923), fundadora de las Hermanas Capuchinas de la Inmaculada Concepción de Lourdes; y la veneciana Maria Domenica Mantovani (1862-1934), en la religión Josefina de la Inmaculada, cofundadora y primera superiora del Instituto de las Hermanitas de la Sagrada Familia.
De todos ellos, hoy en el Osservatore Romano, el cardenal Semeraro sostiene que “respondieron a los impulsos del Espíritu que los impulsaba a ayudar a los pobres, a educar a los necesitados, a asistir a los enfermos, a curar las vocaciones, pero también a trazar nuevos caminos en la búsqueda de Dios”.
“Sus pies se mezclaron con la tierra pero no les impidió despegar, soñar, creer en la poesía del Evangelio. Fueron grandes constructores de paz en tiempos difíciles como los nuestros, en medio de arduos y arriesgados desafíos. Pies firmes y grandes sueños son herramientas esenciales para la santidad”., completó el purpurado.